En el marco del Día de la Madre, nos propusimos hacer un regalo diferente: un espacio para detenernos, encontrarnos con otras mujeres y dedicar un tiempo a pensar en nuestras propias experiencias de maternidad. Sin correr, sin resolver pendientes y sin tener que estar disponibles para todo el mundo. Un tiempo para nosotras.

LATAM – 21 de octubre del 2026

Así nacieron los talleres Madres en primera persona, que compartimos con mujeres que maternan de los equipos de Staff y Supply Chain del Dominio Organizacional de Farmacity. Tres encuentros, uno virtual y dos presenciales en Ciudad de Buenos Aires y Córdoba Capital, que nos permitieron poner en común experiencias, compartir preguntas y reflexionar sobre las múltiples dimensiones que atraviesan la maternidad. Las imágenes que acompañan esta nota recuperan algunos momentos de estos espacios de intercambio y construcción colectiva.

Durante los encuentros partimos de algo que parece sencillo, pero que tiene un peso enorme: ¿cuántas cosas sobre ser madres escuchamos una y otra vez, casi sin darnos cuenta?

“Una buena madre siempre está”. “Si te organizás, llegás”. “Nadie los cuida como vos”. “Después vas a tener tiempo para vos”.

Son frases que escuchamos desde chicas, que se repiten en nuestras familias, en los espacios de trabajo, en las redes sociales y en las conversaciones cotidianas. Mensajes que, muchas veces sin advertirlo, van moldeando nuestras expectativas, nuestras decisiones y nuestra manera de vivir la maternidad.

No todas las decisiones que tomamos son tan libres o conscientes como creemos. Muchas veces actuamos en automático: postergamos algo propio, asumimos una responsabilidad sin preguntarnos si nos corresponde, sentimos culpa por trabajar o por no trabajar, por estar o por no llegar a todo. Y detrás de esas decisiones aparecen mandatos profundamente arraigados sobre cómo debería ser una buena madre.

¿Qué llevamos en nuestra mochila?

Una de las imágenes que nos acompañó durante los talleres fue la de una mochila. Una mochila que vamos llenando todos los días con responsabilidades, preocupaciones, tareas y pendientes.

Los turnos médicos, las reuniones escolares, las compras, la organización de las comidas, los horarios, los cumpleaños, las necesidades de cada integrante de la familia. Pero también todo aquello que no siempre se ve: anticipar, recordar, planificar, estar atentas, pensar en lo que falta y organizar lo que viene.

Esa mochila representa buena parte de la carga mental y emocional que acompaña las tareas de cuidado. Y nos permitió ponerle palabras a algo que muchas mujeres viven cotidianamente: no pesa solamente lo que hacemos, también pesa todo aquello de lo que estamos pendientes.

Reconocer ese peso no significa desconocer el amor, el disfrute o la satisfacción que puede traer la maternidad. Significa entender que cuidar implica tiempo, energía y responsabilidades, y que ninguna persona debería tener que sostenerlas sola.

Cuidar es una responsabilidad compartida

Hablar de maternidades también es hablar de cómo se organizan los cuidados. De cuánto tiempo destinamos a cuidar a otras personas, cuánto queda disponible para nosotras y cómo distribuimos esas responsabilidades dentro de nuestras familias y nuestros entornos.

La corresponsabilidad no es simplemente que alguien nos ayude cuando lo pedimos. Es que las responsabilidades se compartan desde el principio: en las decisiones, en la organización, en la planificación y en las tareas cotidianas.Y esa corresponsabilidad también involucra a los espacios de trabajo.

Trabajar en contextos que acompañan los cuidados hace una diferencia concreta en la vida de las personas. No se trata solamente de comprender que existen responsabilidades familiares, sino de construir condiciones, prácticas y culturas laborales que las reconozcan y contribuyan a hacerlas compatibles con el desarrollo profesional y personal.

Los cuidados no deberían ser un asunto exclusivamente individual, ni mucho menos una responsabilidad que recaiga automáticamente sobre las mujeres. Las organizaciones también tienen un papel fundamental en la construcción de entornos más equitativos, donde cuidar y trabajar no sean experiencias que deban vivirse en permanente tensión.

Un regalo para seguir pensando juntas

Los talleres también nos recordaron algo importante: el valor de encontrarnos con otras mujeres, descubrir que muchas de nuestras experiencias son compartidas y poder hablar de ellas sin exigencias ni juicios.

Escucharnos, reconocernos en las historias de otras, reírnos de algunas situaciones cotidianas, cuestionar aquello que siempre dimos por sentado y descubrir otras maneras posibles de organizarnos.

En un día que suele estar lleno de regalos, homenajes y mensajes sobre lo que significa ser madre, quisimos ofrecer algo distinto: tiempo para pensarnos, para hacer red y para recordar que nuestras necesidades, nuestros deseos y nuestros proyectos también importan.

Quizás uno de los mejores regalos para las madres no sea decirles una vez más que pueden con todo, sino construir las condiciones para que no tengan que hacerlo.

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