19 de octubre de 2025
Cada segundo domingo de octubre, en Argentina, el Día de la Madre vuelve a instalarse en la agenda social y mediática. Con flores, publicidades y campañas que exaltan “el sacrificio materno”, se celebra a millones de mujeres que sostienen con su trabajo invisible buena parte de la vida familiar. Sin embargo, no se aprovecha la fecha para reflexionar sobre cómo nuestras sociedades —y en particular nuestras empresas y organizaciones— siguen reproduciendo un modelo de maternidad que es casi siempre un factor de desigualdad.
En el mundo del trabajo, la maternidad continúa funcionando como un límite. Las mujeres enfrentan la famosa “doble jornada”: trabajan fuera de casa y, al volver, cargan con la mayor parte de las tareas de cuidado. Esto tiene consecuencias directas en su desarrollo profesional: menos tiempo disponible para capacitación, menor participación en espacios de liderazgo, mayor dificultad para sostener trayectorias de largo plazo. La maternidad se convierte, así, en un filtro invisible que condiciona las carreras.
Pero no solo se trata de quienes son madres. También pesa sobre muchas mujeres la exigencia cultural de que la maternidad es un destino inevitable, la única vía legítima para la realización personal. Quienes deciden no ser madres se ven expuestas a cuestionamientos, sospechas o incluso sanciones simbólicas. Se habla de la “mala madre” que no llega a todo, pero también de la “no madre” que pareciera quedar incompleta. En ambos casos, la autonomía femenina queda atrapada entre mandatos y presiones sociales.
El Rol de las Empresas
Frente a esta realidad, las empresas y organizaciones tienen una responsabilidad ineludible. No alcanza con discursos de homenaje cada Día de la Madre ni con campañas publicitarias que perpetúan estereotipos. Se necesitan políticas concretas que pongan a la corresponsabilidad en el centro:
- Licencias igualitarias y no transferibles para varones y otras identidades cuidadoras, que permitan equilibrar de manera real las tareas de crianza.
- Flexibilidad laboral diseñada con perspectiva de género, que no castigue a quienes la utilizan ni la reduzca a un beneficio exclusivo para mujeres.
- Sistemas de evaluación de desempeño que reconozcan la diversidad de trayectorias, evitando penalizar interrupciones vinculadas a la maternidad.
- Apoyo integral a todas las formas de familia, incluyendo monoparentales, homoparentales y adoptivas, que suelen quedar invisibilizadas en las políticas corporativas.
- Sensibilización cultural al interior de los equipos, para que el cuidado no sea visto como un “tema de mujeres” sino como una responsabilidad compartida.
La clave está en entender que hablar de maternidad en las empresas no es hablar solo de beneficios “para ellas”, sino de transformar la organización del trabajo para que cuidar y desarrollarse profesionalmente sean derechos accesibles a todas las personas. Porque no habrá igualdad real mientras criar siga siendo un verbo en femenino, ni mientras las mujeres deban elegir entre maternar o crecer laboralmente.
Este Día de la Madre nos invita a repensar la celebración: no se trata de multiplicar ramos de flores, sino de garantizar condiciones para que las maternidades sean libres, deseadas y sostenibles. Y, al mismo tiempo, de reconocer que no todas las mujeres serán madres y que esa decisión también debe ser respetada sin presiones ni sanciones.
Las empresas que asuman este desafío no solo estarán respondiendo a una deuda histórica con la igualdad de género. También estarán apostando a un modelo laboral más sostenible: uno donde el talento no se desperdicie, donde el cuidado no sea un obstáculo y donde mujeres y varones puedan desarrollar sus vidas y carreras en libertad y en igualdad de condiciones.
